• Diego Jazanovich

El Paciente Inglés: un año después


Hace poco más de un año atrás, se publicaba mi entrevista "El Paciente Inglés" en la revista Qué Pasa. Un artículo de la genial periodista Sabine Drysdale sobre mi quijotesco proceso de revalidación de título de dentista en Chile, que sin duda alguna tocó unos cuantos terminales nerviosos haciendo reflexionar a ciertas autoridades involucradas en este proceso, e impulsó una serie de cambios que hasta aquel momento carecían de precedentes en la historia del proceso de revalidación de la Universidad de Chile.

Un año más tarde y con menos exámenes por rendir, pero aún sin lograr escapar de este atolladero kafkiano, me reconforta saber que gracias a mi iniciativa jamás volverá a existir la obligación en Chile para que un profesional revalidante deba exponerse a la radiación ionizante con el solo fin de calcar su radiografía para realizar un ejercicio de Ortodoncia para uno de los 17 exámenes prácticos que actualmente exige la Universidad de Chile. Además, la famosa cuadrícula milimetrada en transparencia dura que tanto trabajo me costó buscar ya es también historia —el examen ahora ya viene con las medidas tomadas.

Tampoco deberá el profesional extranjero traer modelos de yeso de sus propios dientes; éstos (o fotografías de éstos) le serán suministrados a la hora de rendir el examen. ¿Y qué pasó con la busqueda de dientes extraídos para poder cumplir con la lista de materiales obligatorios que el revalidante debe traer para 2 de los 3 exámenes de Endodoncia? La Facultad de Odontología de la Universidad de Chile ahora encarga dientes artificiales de simulación que llegan desde el extranjero.

También ha habido un cambio importante dentro de la asignatura preclínica de Operatoria Dental que cuenta con otros 3 exámenes que se rinden en un espacio de 4 horas continuas. Cada examen simula un procedimiento clínico diferente. Anteriormente, si el revalidante reprobaba cualquiera de estos 3 procedimientos, debía en otra oportunidad, y según las pautas de dicha evaluación, repetir los tres procedimientos nuevamente. Mi crítica frente a esta grave falta de lógica fue siempre acompañada de la misma analogía: si yo tengo que preparar 3 huevos —uno frito, uno duro, y uno revuelto— ¿por qué debo repetir el menú completo si a mí solamente me salió mal el huevo frito? La fuerza de la razón logró, así, otro cambio más dentro del proceso de revalidación.

Me alegra saber que haya gente dentro de la misma universidad que aprecie mis críticas, que siempre han pretendido ser constructivas. Y aunque ahora le pidan a uno permiso para grabar una reunión, aún queda trecho por recorrer y lamentablemente, aún quedan algunos dinosaurios en el camino. ¿Lograremos que se extingan? No lo sé. Lo que está claro es que no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Yo voy a seguir luchando.

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