Alejandro Velasco Un Wey Weón entrevista ONG El Paciente Inglés

THE CHILEAN WEY

FOTO CORTESÍA ALEJANDRO VELASCO

Alejandro Velasco es todo un fenómeno en redes sociales, y aunque no se considera un YouTuber en estricto rigor, su video "100 días de Chile" se viralizó, siendo visto más de 5 millones de veces. Es mexicano, Licenciado en Ciencias de la Comunicación y le encanta Chile. Más conocido por su alter ego "Un Wey Weón", entrevistamos a este nuevo chileno y conversamos con él de sus experiencias como expatriado en Chile. ¡Sígannos los buenos!

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NUEVOS CHILENOS

POR EL PACIENTE INGLÉS     11 OCTUBRE 2017

¿Cuánto tiempo llevas en Chile y por qué te viniste a vivir acá ?

 

Llegué en febrero 2012. Vine a estudiar un Magíster en Aministración de Empresas (MBA) en la Universidad Católica. Ya había estado en Chile antes, y me parecía un país hermoso, Santiago una ciudad increíble que, sobre todo, me daba la posibilidad de estudiar y de trabajar. Porque un MBA cuesta mucha plata, y yo tenía ciertos ahorros, pero que en algún momento del magíster iba a tener que empezar a trabajar.

 

¿Pensabas quedarte en Chile después de terminar tu magíster?

En un principio mi idea era estudiar y quedarme un año más. Terminó ese año y dije “otro año”. Terminó ese otro y dije “uno más”. Así he ido postergando el regreso a México.

 

¿Fue la perspectiva de trabajo lo que también te trajo a Chile?

 

Quería tener la experiencia internacional de un MBA; si lo hacía por ejemplo en Estados Unidos, es bastante más complicado trabajar allá. En cambio en Chile, yo había investigado y sabía que era mucho más sencillo obtener un permiso de trabajo, aún llegando como estudiante. A pesar de la distancia, Chile tiene un nivel de educación excelente y me permitía, eventualmente, poder trabajar sin demasiadas complicaciones.

¿Tuviste que revalidar tu título para poder trabajar en Chile?

Afortunadamente, no. Claro, uno sí tiene que obtener cierto sello del Consulado y cosas así, pero algo muy sencillo. En ese sentido no tuve problemas para obtener un permiso de trabajo. Fue muy fácil y muy expedito. Empecé a trabajar a fines del 2012; entré con visa de estudiante, después obtuve una visa temporal, y luego la permanencia definitiva. Afortunadamente nunca he tenido problemas. Sé que en algunos casos puede ser lento el proceso, entre enviar los papeles, recibir la respuesta, obtener la visa, pero el sistema funciona.

 

¿Te sentiste recibido con los brazos abiertos en Chile?

Sí, la verdad que sí. Sorprendido por la facilidad de poder trabajar, porque México, contrario a lo que pudiera parecer, es un país que pone bastantes trabas. Acá, simplemente tuve que mostrar una oferta de trabajo —ni siquiera el contrato firmado— para tramitar el permiso de trabajo.

¿Te encontraste con barreras en el ámbito laboral?

Algunas. Cuando llegué y empecé a trabajar, era prácticamente el único extranjero de mi empresa. Eso está cambiando ahora, y ya hay muchos más extranjeros que se están integrando a empresas. Pero es difícil, porque uno tiene también que posicionarse y validarse dentro de una empresa. Finalmente, no saben dónde estudiaste, no te conocen, no saben cómo eres; tus referencias laborales quizás no les significan nada. Uno tiene que poner especial atención en eso, en demostrar que es igual de capaz, que no representa una amenaza, que no está aquí para quitarle el trabajo a nadie, sino que es una oportunidad, un complemento, y una forma de hacer ver que hay otras cosas más allá de Chile. En ese sentido, es un trabajo que tiene que ser muy consciente, y hay que tener cuidado para ser respetuoso, pero a la misma vez posicionarte como alguien que va a generar valor, y que es igual de capaz o, por qué no, más que ellos.

 

¿Y hay regreso a México?

Puede ser. Ahora justo estoy en un proceso de búsqueda de trabajo, y si surgiera una oportunidad en México, no tendría problema en regresar porque tampoco me fui huyendo. México es un gran país que también está lleno de oportunidades. Finalmente, ahí está mi familia, la gente que quiero, y es donde está también tu cultura.

Imagínate que escribí una entrada en mi blog, la publiqué en el grupo de mexicanos en Santiago, y a la mañana siguiente tenía 1.800 visitas"

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Si preguntas en México cómo habla un chileno, no te van a saber responder. No existe un referente sobre el acento chileno."

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Pretender llegar y tener el mismo nivel de amistad con chilenos que tú tienes en México con tus amigos de toda la vida es impensable."

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ALEJANDRO VELASCO PARA BBC MUNDO

¿Ha sido duro estar lejos de tu familia?

 

Sí, sobre todo al principio, cuando llegué como estudiante y no tenía la posibilidad de ir tan frecuentemente a visitar a mi familia. Se extraña. Pasé dos Navidades acá en Chile, que fueron bien difíciles, porque uno está acostumbrado a pasarlas en familia, y yo en ese momento no tenía las posibilidades para ir. Lo ideal sería ir a México dos veces al año, pero no siempre se puede. Ir más veces es complicado también, porque igual uno quiere tener días libres para conocer más de Santiago, o recorrer Chile, o viajar a otra parte del mundo, y no utilizar todas tus vacaciones para visitar a tu familia. Si puedo ir dos veces al año, una semana cada vez, con eso me doy por bien servido.

 

¿A qué te costó más adaptarte en Chile?

Poder integrarme a un grupo de amigos chilenos, porque por alguna razón —y hay muchas teorías al respecto— yo creo que el chileno ha vivido siempre como en una burbuja, un poco aislado del mundo, y el que llegue un extranjero a estudiar o a trabajar sí les llama la atención, pero no están acostumbrados a integrarlo en su núcleo de amigos. Acá conocí personas que ya tenían un grupo de amigos súper sólido, de toda la vida, que se conocían desde el colegio, y esa es su zona de confort. Pretender llegar y tener el mismo nivel de amistad con chilenos que tú tienes en México con tus amigos de toda la vida es impensable. En ese sentido, los extranjeros muchas veces se terminan llevando con otros extranjeros que llegan a este país y que están en su misma condición de vida, porque integrarte a veces en un círculo chileno es complicado. Eso me costó trabajo, y por supuesto todos los modismos.

 

Y hablando de modismos... ¿Cuándo empezaste con Un Wey Weón?

 

Como un año después de llegar a Chile, porque todos los extranjeros que llegan a este país se sorprenden con los modismos chilenos, porque el español chileno es muy particular, y porque además es muy desconocido afuera. Si preguntas en México cómo habla un chileno, no te van a saber responder. No existe un referente sobre el acento chileno. El acento argentino es muy fácil de imitar, el acento español... todo el mundo sabe cómo es el español, no así con el acento chileno, no hay una referencia. Mucha gente en México, por ejemplo, piensa que el chileno habla igual que el argentino y me preguntan “pero, ¿no es igual?”, y les digo “no, no es igual”.

¿Cómo comenzaste con Un Wey Weón?

Empecé publicando algunas cosas en mi cuenta personal de Facebook, sobre estas experiencias interculturales, que desde mi punto de vista son muy divertidas y siempre tienen que verse con humor. Y ahí la gente conectó. En México se morían de risa y me dijeron “oye, ¿por qué no haces un blog para compartir todo este contenido con más personas que estén llegando a Chile?”. Siempre me ha gustado escribir y me considero una persona creativa por naturaleza, y entonce ahí dije “voy a empezar con algo”. Partí con un blog, que en su momento funcionó bastante bien. Imagínate que escribí una entrada en mi blog, la publiqué en el grupo de mexicanos en Santiago, y a la mañana siguiente tenía 1.800 visitas, que para mí era muchísimo. “¿Cómo es posible que 1.800 personas dieron clic a ese link?”, era impensable. Eso me motivó a seguir escribiendo y darme cuenta que tenía que haber una voz que hablara. No podía ser algo abstracto. Entonces, ahí se me ocurrió crear el personaje de Un Wey Weón para decir que soy mexicano, que estaba en Chile y que iba a abordar el tema con un sentido del humor. Y claro, después tuve que poner mi rostro, porque es lo que funciona en las redes sociales: que te hable una persona, no una marca, no un ente abstracto, sino alguien. Al principio me daba un poco de pudor dar la cara, por eso en las primeras fotos, si te fijas, estoy medio tapado, con la mano sobre la boca, porque da un poco de miedo exponerte y saber que está ahí tu cara y tu material, y que es tu voz en los videos. Pero ya se me quitó un poco.

Geográficamente, Chile es un país que está aislado por desierto, glaciares, cordillera y mar, pero creo que le hace falta a Chile que lleguen más migrantes, más contactos interculturales.

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Cuando llega un extranjero, del cual no tenemos referencias, y no nos dice nada la escuela donde estudió, la ciudad donde creció o su contexto, nos puede causar a todos temor y un poco de ansiedad.

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Alejandro Velasco Un Wey Weón entrevista ONG El Paciente Inglés

FOTO CORTESÍA ALEJANDRO VELASCO  © MABM PHOTOGRAPHY

¿Cómo ves tú el tema migratorio en Chile?

Creo que la migración es muy necesaria. Hoy todavía es bajo el porcentaje de extranjeros viviendo acá, si nos comparamos con otros países del mundo. Geográficamente, Chile es un país que está aislado por desierto, glaciares, cordillera y mar, pero creo que le hace falta que lleguen más inmigrantes, que haya más contactos interculturales. Y en ese sentido, la población tiene que estar también preparada para recibirlos, y saber que, por ejemplo, el chileno habla de cierta forma, con ciertos modismos que no todos van a entender.

¿Hablas de interculturalidad y modismos chilenos en tus videos?

Sí, me interesa que el chileno se dé cuenta que hay ciertos modismos que ni siquiera ellos tienen conscientes. Y me ha pasado a mí como mexicano, con ciertas palabras o expresiones que uso, que no sabía se usaban exclusivamente en México hasta que salí afuera. Acá uno no puede andar diciendo “mande”, y en México te lo inculcan desde chico: “no digas ¿qué?, di mande”. Claro, uno sale a otros países y se da cuenta que el “mande” es casi como un motivo de burla, “oye, ¿por qué dices mande? ¿por qué te sometes?”.

¿Qué diferencias notaste en la forma de ser de las personas en Chile?

Al principio me llamaba la atención, por ejemplo, que me subía a un ascensor y que la gente no me respondiera el “buenos días”. Como que me chocó al principio, me frustraba, y pensaba “bueno, el chileno tiene que darse cuenta que el extranjero puede sentirse ofendido si no le respondes”. Alguna vez hablé de eso en contenidos que publiqué, y recibí una respuesta muy inteligente de una chilena, donde me decía “bueno, es que es incómodo decirle buenos días en un ascensor a alguien que no conoces ni tienes idea quién es y que, genuinamente, quizás no quiero desearle buenos días”. Y ahí entendí la postura y el argumento, y me di cuenta que efectivamente todos somos distintos, y qué maravilla que podamos tener estas diferencias culturales. El punto está en comunicarlas y en entenderlas.

En tu experiencia, ¿piensas que Chile es un país de buenas oportunidades donde vale la pena jugársela?

Sí, creo que Chile es un país con muchas oportunidades, y está en uno encontrarlas y desarrollarlas. Yo encontré una oportunidad en mi blog personal y en este proyecto que tengo en redes sociales. Los que venimos de fuera nos damos cuenta de las carencias que tiene este país en comparación con lo que tenemos en México, o Europa, o en otros lugares. Cuando uno llega de fuera y detecta esas oportunidades, ve cómo puede desarrollarlas desde su área profesional, ya sea la medicina, tecnología,  comunicación, o ingeniería. Pero hay que arriesgarse un poco, hay que aventarse, como decimos los mexicanos, y hay que atreverse y salir de tu zona de confort y dejarte absorber por el sistema establecido acá.

¿Has percibido resistencia al cambio?

Me parece que si bien al chileno le causa un poco de temor la innovación, lo distinto se tiene que hacer. Y yo creo que el extranjero muchas veces facilita ese proceso de innovar, de crear, y de hacer las cosas distintas, sin que sea necesariamente demasiado disruptivo, o que sea demasiado chocante.

Sin duda, existen chilenos que entienden la migración y que, además, les entusiasma, y por otro lado, otros que se resisten. ¿Has notado esta diferencia?

Efectivamente, hay gente abierta a la migración y hay gente que le teme un poco, sea por desconocimiento o por prejuicios. Piensan que el extranjero viene acá, por ponerte un ejemplo, a quitarle trabajo a un chileno, o a cometer algún delito, y se sienten amenazados ante el extraño y lo externo. En general, cuando conocemos a alguien le preguntamos “¿Qué edad tienes? ¿Dónde estudiaste? ¿Qué haces?”, como para poder ubicarlo en un mapa mental y saber quién es esa persona. Cuando llega un extranjero, del cual no tenemos referencias, y no nos dice nada la escuela donde estudió, la ciudad donde creció o su contexto, nos puede causar a todos temor y un poco de ansiedad.

¿Cómo mejoramos esta percepción negativa o temor hacia el inmigrante?

Con más información, donde se hable de las ventajas de la migración, donde se hable de cómo relacionarte con un extranjero, cómo estar consciente de tu chilenidad y de las cosas que al extranjero le puedan chocar o no. Y eso, como que pocas veces se habla. Creo que se necesitan más foros de discusión y mayor contenido para que el chileno se sienta más cómodo conociendo a extranjeros. El tema de la migración en Chile apenas está empezando y ahora veo muchos venezolanos llegando, y el chileno tiene que saber cómo se comporta un venezolano, qué hace, qué piensa, qué le gusta comer, qué expresiones usa y qué diferencias hay entre el chileno y el venezolano.

Pero, ubicar a un mexicano debe ser más fácil en para los chilenos ¿no?

Afortunadamente, como mexicano he tenido mucha suerte, porque cuando tú le dices a un chileno “soy de México”, inmediatamente empieza a buscar referencias sobre México. ¿Y qué encuentra?: El Chavo del 8, teleseries, vacaciones en Cancún... Son temas que a ellos le hacen referencia a algo lúdico, a una experiencia placentera o algo que los conectó, por ejemplo, la música – la música ranchera o las baladas pop – de cuando eran chicos. Yo, como mexicano, la mayoría de las veces me encuentro con una sonrisa. Cuando digo “soy de México”, me dicen “ah, ¡de México!”, y te empiezan a hablar del Chavo del 8, de alguna teleserie, o de algo que les causa risa. No así con una persona, por ejemplo, que venga de Honduras, o de Ecuador. En la medida que haya más referencias de todos estos países que están llegando, creo que el chileno se va a sentir más cómodo con ellos, y podrá haber una mejor convivencia. Entre más información, más abiertos están a borrarse los prejuicios, a eliminarse los estereotipos, a darse cuenta que todos somos distintos y entender que el inmigrante está aquí para aportar y para sumar.

¿Has podido conocer de cerca la problemática en relación al reconocimiento y revalidación de títulos extranjeros en Chile?

Sí. Tengo amigos que están abocados al área de la salud, y entiendo que para ellos ha sido muy difícil la revalidación. Por ponerte un ejemplo, hace poco conversaba con una psicóloga mexicana que llegó a estudiar un magíster, y le preguntaba si le gustaría quedarse a trabajar acá. Ella me decía que sí, pero que es tremendamente difícil revalidar sus estudios extranjeros de psicología en Chile. Eso, desafortunadamente, a ella la está frenando en su plan de quedarse en Chile. Conozco también un dentista brillante, que llegó de México a estudiar acá un postgrado de odontología en la Universidad de Chile, y que se tuvo que regresar porque en verdad para él era muy complicado revalidar su título extranjero.

O sea ¿la Universidad de Chile lo aceptó para cursar una especialidad de postgrado de varios años pero no iban a revalidarle tan fácilmente luego el título?

Claro, y él no estaba dispuesto a dar esa batalla tan desgastante de la revalidación porque lo que él necesitaba era empezar a trabajar, y por tanto hizo las maletas y se regresó a México. Es una pena, en mi opinión,  porque él genuinamente amaba este país, y era muy feliz acá.

¿Y quién crees que perdió ahí? ¿Tu amigo o Chile?

Bueno, ambos perdieron, pero Chile perdió mucho más. Es una lástima que, por temas burocráticos, se pierdan estas oportunidades. Chile perdió a un profesional que estaba dispuesto a trabajar acá y a darlo todo, y mi amigo perdió la oportunidad de desarrollarse y ser un aporte para el país.

¿Cómo te sientes frente a esto?

Es una pena que un tema burocrático o que un papel pueda frenar tus sueños, eso a mí me causa mucho dolor. Porque, claro, lo ideal es estudiar lo que sea tu vocación, y si eso es ser dentista, o ser comunicador, o ser psicólogo, qué lástima que llegues a un país donde tengas que hacer una revalidación tan compleja, o que porque el nombre de la carrera que estudiaste no sea reconocido, que eso te cierre puertas. Si estudiaste algo que acá no existe o que acá no se ofrece, bueno, veamos qué es, veamos dónde se te puede colocar, y adelante. A mí, ese tipo de anécdotas me dan mucha tristeza, porque he visto gente que se ha tenido que regresar, a sabiendas de las oportunidades que tiene este país.

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Tienes que vivir esa experiencia de ir al supermercado y no entender nada cuando te quieren cobrar y te dicen “deme su RUT”,  “¿dona los pesos?”, “boleta o factura”, o “en cuotas o sin cuotas”.

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Justamente es eso lo que hace falta, crear conciencia, y que la gente se dé cuenta que existe una problemática compleja por resolver, pero que de alguna forma se tiene que abordar.

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100 DÍAS DE CHILE - UN WEY WEÓN

¿Qué te ha parecido el trabajo de nuestra ONG para generar conciencia social al respecto de la validación de estudios en Chile?

Increíble. Justamente es eso lo que hace falta, crear conciencia, y que la gente se dé cuenta que existe una problemática compleja por resolver, pero que de alguna forma se tiene que abordar. No es fácil, porque de alguna manera es luchar contra el statu quo, y las instituciones, y  hacerlo es bien complicado. Admiro mucho lo que han logrado y lo que se ha podido hacer con este proyecto, porque es muy complicado, es muy delicado, hay muchas barreras, y aunque las logres identificar, nunca sabes qué otras barreras te vas a encontrar. Puede ser un proceso muy desmotivante y siempre es más fácil decir “me rindo, me regreso”, “me rindo, me dedico a otra cosa”, que seguir luchando y luchando, porque es desgastante.

¿Crees que mucha gente “tira la esponja” y se rinde?

Sí, y hay también mucha gente que se queja, pero no hace nada al respecto. Quejarse por quejarse no sirve absolutamente de nada. Si uno identifica un tema que le molesta del país al cual llegó, y está dispuesto a resolverlo, perfecto, adelante: genera un proyecto, haz algo al respecto, lucha por tu causa. Siendo extranjero, podría ser doblmente complejo, porque uno tal vez no conoce las instituciones y puede tener temores y pensar “¿Y si me echan? ¿Y si me hago ciertos enemigos?”. Estas y otras trabas, desafortunadamente, hacen que muchas personas se queden de brazos cruzados. Todo puede ser perfectible, y no todo funciona la perfección, en ninguna parte del mundo, pero si realmente uno quiere marcar la diferencia y ayudar de una manera más inteligente, hay que hacer lo que ustedes han hecho: identificar la causa, abogar por ella, documentar, y ver qué se puede resolver. En ese sentido, creo que es muy loable que haya personas que se dediquen a eso. Desconozco si existen otros casos similares dentro de la comunidad extranjera acá en Chile que hayan identificado algo que no funcionaba y lograran cambiarlo.

¿Tu video “100 días de Chile” resume los primeros 100 días de una persona que nunca ha estado en Chile y cómo se enfrenta a diferencias en el lenguaje. ¿Qué tratas de expresar a través de este video?

Las muchas dificultades de adaptarse a una cultura distinta aunque tengamos el mismo idioma, que —insisto— tienen que verse con mucho sentido del humor, y que son parte de un proceso que hay que disfrutar. Tienes que vivir esa experiencia de ir al supermercado y no entender nada cuando te quieren cobrar y te dicen “deme su RUT”,  “¿dona los pesos?”, “boleta o factura”, o “en cuotas o sin cuotas”. Por eso creo que la gente ha conectado con Un Wey Weón, porque en Chile, a pesar de que se hable español, hay tantos modismos… Habrá quienes dirán que el chileno habla mal, pero yo siempre he dicho que el chileno no habla mal, habla como chileno y punto; y el mexicano habla como mexicano.

¿Cuántas personas han visto tu video “100 días de Chile”?

En Facebook, más de cuatro millones de reproducciones y más de 60.000 personas ya lo han compartido, en sólo unos meses. En YouTube ya superó el medio millón de reproducciones. De repente me etiquetan en ciertos grupos, u otras cuentas que subieron el material, porque se sintieron identificados.

¿Creíste que tu video tendría este alcance?

No, nunca lo imaginé. Me da gusto que la gente haya conectado con el material, que se haya conectado con el contenido, y que sea algo original, porque no existía un video así antes.

¿Cuál es tu día favorito del video y por qué?

Qué buena pregunta, porque no todas las anécdotas que están reflejadas en el video me pasaron a mí personalmente. Por ejemplo, cuando digo que la gente está obsesionada con el Chavo del 8 y que me preguntaron por el estado de salud de la Chilindrina, eso le pasó a un amigo. Y cuando nos lo contó no podíamos parar de reír. Decíamos cómo es posible que un taxista te pregunte “Oiga, ¿y cómo está la Chilindrina? Supe que estaba enferma. ¿Qué supo? ¿Se mejoró o no?”. Entonces, ese amor por el Chavo del 8 de alguna manera tenía que estar reflejado en el video. Tampoco hay extranjero que no se maraville con la cordillera nevada, y que no quiera sacarle foto y mandársela a su familia o subirla a las redes sociales. Y bueno, por supuesto, el tema del “RUT”, que acá en Chile es tu número de documento de identidad, y si no tienes RUT estás frito. La gente lo ve como algo tan cotidiano, que no se da cuenta que cuando llega un extranjero y le preguntas “deme su RUT”, el extranjero no va a tener ni idea de qué es. Para mí, ese es mi día favorito y la alegría como inmigrante cuando recibes tu primer carnet RUT, “ya tengo mi su-RUT”. Hubo gente que hizo memes con esa imagen del personaje levantando la cédula y diciendo “ya tengo mi su-RUT”, porque esa es una alegría que también todos compartimos. Y cuando uno llega a este país y te dan tu cédula, te sientes ya chileno, es como “ya, estoy listo”.

¿Te sientes chileno?

Sí, me siento chileno, porque me he identificado y creo que me he acoplado muy bien a la cultura, y porque me gusta mucho el país. Tengo grandes amistades chilenas. Claro, cuando yo le digo a un chileno que me siento chileno, me desacreditan en dos segundos porque me dicen “a ver, habla como chileno”, y lo intento, pero para ellos les suena falso. Aunque no lo creas, después de cinco años, y con todo lo que he hecho en las redes sociales, aún hay modismos que todavía sigo aprendiendo.

¿Te reconoce la gente ahora, por la calle?

Sí. Gente por la calle me dice “oye, tú eres el de los videos, ¿me puedo sacar una foto contigo?”. Me parece impensable, o sea, como que digo “¡qué locura!”. Me pasó en el evento de la Asociación de Mexicanos en Chile, en el Centro Cultural Estación Mapocho, donde tuve esta participación como en un tipo de stand-up comedy; y después había una fila de gente que se quería sacar foto conmigo. ¡Wow! Es increíble ver hasta dónde llega tu contenido y hasta dónde la gente se empieza a identificar y a encariñar con un personaje que, insisto, no soy yo. Me divierte muchísimo cómo la gente conecta con ese contenido y quiere una foto, o una selfie, o que le mande saludos a cierta persona… Me parece increíble.

¿Cuánto tiempo te llevó realizar este video, planificarlo, filmarlo, editarlo? ¿Lo hiciste solo?

Sí, lo grabé yo solo. Tenía en mente grabar un video un poco más complejo técnicamente, y en ese momento no tenía los recursos para hacerlo. Llevaba un tiempo sin publicar ningún material y quería hacer algo que no requiriese mucho esfuerzo técnico ni mucha producción. Pensé en hablar del proceso de cuando uno llega a Chile, que al principio es como “no entiendo nada”, y después de un tiempo es como que ya eres chileno y ya entiendes todo. Esa fue la idea original, y como que la pensé en un día y la escribí. Contaba con mucho material por todo lo que la gente me había ido poniendo en las redes sociales. Mucho del contenido ha sido precisamente gracias a la retroalimentación del público. Lo grabé todo en un día, con el filtro de Snapchat en mi teléfono. Lo que tomó un poco más de tiempo fue la edición, sobre todo para mí, es como mi talón de Aquiles, porque no me dedico a esto. He mejorado, y con la práctica uno se hace un poco más rápido. Editarlo me llevó unos tres o cuatro días, “esta broma no funciona, mejor quítala”, “esta idea tampoco”, y “esto vuélvelo a grabar porque quizás no se escuchó bien o no se entiende".

Cuando llegó el momento, tenías el video listo, lo subiste, apretaste "enter" y... ¿Qué pasa en ese momento? ¿Qué haces? ¿Apagaste la computadora??

No, imposible apagarla. A mí me genera mucha adrenalina, o sea, yo creo que pocas cosas se comparan al momento en el que tú terminas de subir un video, y que dice “ya está disponible”, y ver en esa primera hora…

¿Qué viste?

Uff… Por un lado, me preocupé porque empecé a notar esta gente ofendida con el material, y gente que no estaba de acuerdo. Pero, por otro lado, empecé a ver cómo empezó a conectar, y cómo lo empezaron a replicar, y cómo se hizo viral.

¿En horas?

Tal cual. En un día, el video ya tenía más de un millón de visitas, y varios portales se comunicaron conmigo para publicarlo; salió en TVN, BBC Mundo… En El Mercurio, por ejemplo, publicaron un artículo diciendo “¿Hablamos mal los chilenos? Entrevistamos a un lingüista, a raíz de este video que se hizo viral, donde se critica a los modismos chilenos…”. Y, te insisto, el momento en el que uno lo termina de subir el material, es como de mucha adrenalina, porque no sabes a dónde te va a llevar, y esas primeras horas son clave.

No habrá faltado quien se ofendiera con tu video y que además te lo hiciera saber ¿no?

Sí, absolutamente. Yo amo Chile y le estoy agradecido por todas las oportunidades que me ha dado. Lo considero mi hogar, y no quisiera que la gente se ofendiera por el video, porque al final es un video de humor, donde sí hubo dos o tres chistes que estuvieron quizás un poco de más y hubo gente que se molestó. Por eso ofrecí una disculpa en mis redes a través de otro video, "Día 101: Las Consecuencias", y entiendo que cuando publiqué "100 días de Chile" me faltó quizás dar un poco más de contexto sobre mí, decir que amo Chile, y que era un mensaje para que la gente se tomara con humor esta primera etapa que, como inmigrante, viví en Chile.

En esa disculpa que ofreces a quienes hayan podido ofenderse das a entender que te quedaste sin trabajo. ¿Fue a causa de tu video "100 días de Chile"?

No. Fue coincidencia. Poco tiempo después que publiqué el video terminé mi relación laboral. Unos pensarán que fue karma y dirán “ah, bueno, se burló de los chilenos, ahora se quedó sin trabajo”. No fue exactamente por eso y no fue una consecuencia del video sino parte de todo lo que me pasó después de que publiqué el video. Hubo cosas buenas, hubo cosas malas… Por un lado estaba muy contento de que el material se hubiese hecho viral, y por otro lado estaba muy triste de haber perdido mi trabajo pero hay que verlo todo como una oportunidad, y sin duda esto ha sido una gran oportunidad para poder dedicarme a todos los proyectos que han surgido y que posiblemente no hubiera tenido el tiempo para realizar si estuviera aún en mi trabajo.

No has monetizado tus videos. ¿Crees que habría sido una buena idea haberlo hecho?

Desde luego que sí. Desafortunadamente, de todo se aprende. Hoy ya sé cómo monetizar un video en YouTube; cuando subí el material no sabía cómo, ni tampoco que hay que tener la cuenta validada para autorizar cierta publicidad. Pero bueno, son experiencias que me ayudarán para el futuro. Y si bien no hay una retribución económica por el video, sí me llevó a participar en muchos proyectos que de otra manera hubieran sido impensables, abriéndome muchas puertas. También he conocido a mucha gente, que de otra forma, manteniéndome en mi trabajo de 9:00 a 17:00 horas todos los días, jamás habría conocido. Quizás no me hice rico con el video, pero sí tuve otras muchas experiencias gratificantes a raíz de éste.

¿En qué estás trabajando ahora? ¿Qué proyectos tienes entre manos?

Después de que el video se hiciera viral, formé una pequeña empresa, una sociedad por acciones, ya la tengo constituída. Se llama “Wey Producciones”, precisamente para poder monetizar y capitalizar todo lo que ha generado el video. Es decir, si hoy me buscan para pedirme un taller de manejo en redes sociales, de contenido, o me buscan para producir un evento, o para ser parte de un show, poder dar una boleta, o factura, tal cual. Hay empresas que se han acercado conmigo, preguntándome cómo podemos trabajar en conjunto. Surgió un video para la BBC, un proyecto de la Sociedad de Mexicanos en Chile, y también me hice de un equipo más profesional, no simplemente para grabarme con el teléfono, sino el equipo: la cámara, el trípode, el programa de edición… Todo mucho más pro.

Como inmigrante ¿qué consejos de le darías a los nuevos inmigrantes en Chile?

Paciencia, paciencia y paciencia. Cuando uno sale de su zona de confort, pasa por un proceso  complicado con periodos de felicidad absoluta por haber dado el paso de salir, por estar viviendo una experiencia totalmente distinta, y por haber conocido a personas que de otra manera no las hubieras conocido. Pero también uno pasa por momentos de soledad, de tristeza, de melancolía, de extrañar mucho a tu familia. Se necesita mucha paciencia para aceptar, vivir y aprender de esos momentos. Así que, paciencia y no tomar decisiones emocionales. Es normal sentirse a veces como “no aguanto más, mañana mismo me regreso a mi país”. Cualquier decisión de volver a tu país de origen o de buscar otra opción que no sea Chile, que sea una decisión que no se tome desde lo emocional, sino desde lo racional. Es bueno dejar pasar un tiempo al menos para tomar cualquier decisión radical, porque cualquier persona que está llegando a este país es una persona vulnerable. También uno debe proponerse y darse la oportunidad de tener amigos de su nuevo país. Eso es algo que tuve que hacer de manera consciente cuando me di cuenta de que todo mi círculo de amigos eran mexicanos y otros extranjeros que estaban acá en Chile, y dije “no”. Uno como inmigrante necesita tener amistades que sean tu ancla al país.

¿Y a las personas que están pensando en venirse a vivir a Chile?

Que vengan, que se arriesguen, pero que lo planifiquen. No es venirse de un día a otro. Chile es un gran país, con muchas oportunidades, que tiene las puertas abiertas. Hay algunas trabas en ciertas áreas y por eso es algo que se tiene que planear y estudiar bien antes de dar el paso. Cuando tomé la decisión de venirme pasó casi un año hasta que me vine y pude estudiar bien el tema.

¿Qué es lo que más te gusta de Chile?

Sin duda, sus bellezas naturales. Desafortunadamente, hay gente que no tiene idea de lo que hay en este país; no tiene idea del desierto de Atacama, no conoce las Torres del Paine, no sabe que se va a enfrentar con una gran cantidad de ecosistemas y de lugares únicos en el mundo. Como país, cuando pienso en Chile, pienso en un país bellísimo. Y cada vez que veo la cordillera me enamoro.

¿Y qué te gusta de Santiago?

La calidad de vida. Yo vengo de Ciudad de México, una ciudad de más de 20 millones de habitantes que si bien es una ciudad que amo, y donde nací, tiene los problemas de una ciudad de 20 millones de habitantes. Tomando ese punto de comparación, la verdad es que Santiago me parece una ciudad con gran calidad de vida, seguridad, transporte público, y que es limpia e ideal para gente que tiene familia. No todas las capitales del mundo tienen esta calidad de vida y sin duda Santiago es una gran ciudad para vivir.

¿Has vivido en otros países?

Sí. Viví seis meses en Francia, en Paris, como estudiante de intercambio cuando estaba en la universidad y aunque cuando eres estudiante puedes tomarlo todo más a la ligera y tienes el respaldo de tu familia, igual me sirvió de experiencia y me ayudó a que el proceso de adaptarme a Chile fuese un poco más fácil.

¿Qué podría ser aún mejor en Chile?

La calidad del servicio al cliente. Aún hace falta desarrollar más la calidad de servicio.

Ahí puede haber un nuevo video para Un Wey Weón… ¿No?

Ja, ja, ja... Sí, ahí puede haber un video. Yo vengo de México, donde el servicio en general es muy bueno, y acá uno se enfrenta a que el servicio es en algunos casos un poco hostil, por llamarlo de alguna manera. Pero está cambiando y creo que las empresas se están dando cuenta de que, en la medida que ofrezcan un mejor servicio al cliente, van a poder captar más recursos. Es algo que muchos extranjeros notamos, y nos quejamos. Insisto, de nada sirve quejarse si no hay una crítica constructiva detrás, así que, no sé si a través de un video o de algo más, pero creo que algo se podría hacer. EPI

Habrá quienes dirán que el chileno habla mal, pero yo siempre he dicho que el chileno no habla mal, habla como chileno y punto; y el mexicano habla como mexicano.

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El momento en el que uno lo termina de subir el material, es como de mucha adrenalina, porque no sabes a dónde te va a llevar, y esas primeras horas son clave.

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Por un lado, me preocupé porque empecé a notar esta gente ofendida con el material, y gente que no estaba de acuerdo. Pero, por otro lado, empecé a ver cómo empezó a conectar, y cómo lo empezaron a replicar, y cómo se hizo viral.

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Me siento chileno, porque me he identificado y creo que me he acoplado muy bien a la cultura, y porque me gusta mucho el país.

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Es normal sentirse a veces como “no aguanto más, mañana mismo me regreso a mi país”. Cualquier decisión de volver a tu país de origen o de buscar otra opción que no sea Chile, que sea una decisión que no se tome desde lo emocional, sino desde lo racional.

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Gente por la calle me dice “oye, tú eres el de los videos, ¿me puedo sacar una foto contigo?”

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