Rodrigo Sandoval Ducoing Ex Jefe Departamentoi Extranjería y Migración Chile - ONG El Paciente Inglés revalidación revalidar revalidante reválida convalidación convalidar homologar odontología odontólogo cirujano dentista dental profesional ejercer trabajar practicar tratamiento trabajo ejercicio examen prueba test práctico clínico académico teórico universidad facultad instituto escuela colegio organización asuntos dirección rectoría trámite ministerio educación relaciones internacional formación extranjero título diploma postgrado carrera convenio tratado  universidad Chile Santiago mundial global gobierno abogado ministerio interior relaciones exteriores cancillería

FRONTERAS SIN BARRERAS 

FOTO CORTESÍA RODRIGO SANDOVAL

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Rodrigo Sandoval, ex director del Departamento de Extranjería y Migración de Chile, nos habla de migración, validación de estudios y salud.

Después de tres años y medio al frente del Departamento de Extranjería y Migración (DEM), renunció a fines del mes pasado de julio a su cargo como Jefe Nacional. Llegó al convencimiento que lo que él tenía para aportar dejó de ser útil para ilustrar y asesorar a quienes tomaban las decisiones políticas. Es abogado, marido y papá, y una de las palabras con las que hace referencia a la migración es "oportunidad".

POR EL PACIENTE INGLÉS     04 SEPTIEMBRE 2017

¿Qué es para ti la migración?

 

La migración es una situación, una ocurrencia, un acaso, que debe ser gestionado, que no es algo que funcione bien solo, que requiere incidencia. Requiere incidencia del Estado, requiere responsabilidad, conducción, pero también requiere incidencia de las personas, de los ciudadanos. No es algo que deba tener lugar por independencia, o que a la regulación le sea indiferente lo que sucede en términos de migración. La migración no solamente importa consecuencias para los migrantes, y tampoco es una cuestión netamente económica. La migración es la forma en la cual se va a redefinir la realidad sociocultural del Chile que está por venir.

 

¿De quiénes hablamos entonces?

 

Cuando hablamos de migración, no solamente hablamos de profesionales, de trabajadores; hablamos de los nuevos vecinos, de los nuevos compañeros de curso de nuestros hijos, de nuevas personas con las que compartimos el espacio público; hablamos con una reformulación de códigos, de valores, de cultura, hablamos de una multidimensionalidad de impactos en nuestra nueva realidad que van a alterar la fisonomía sociocultural. Y, por lo tanto, no es un proceso que uno deba dejar absolutamente entregado al mercado, o al libre juego de oferta y demanda, o a la voluntad de aquellos sujetos que sí tienen incidencia al respecto.

¿De quién es la responsabilidad?

 

Yo creo que es un tema de país, una cuestión de Estado. Es una responsabilidad nacional. Y, por lo tanto, creo que cada uno de nosotros, en nuestro ámbito de acción, debe tener presente eso y debe preguntarse cómo desde su propia situación está impactando favorable o desfavorablemente en aprovechar esa oportunidad, que es la migración.

¿Por qué renunciaste?

 

Porque llegué al convencimiento que lo que yo tenía para aportar, modesto o insuficiente, como fuera, dejó de ser útil para las personas que tomaban las decisiones políticas que a mí, por mi trabajo, me correspondía ilustrar y asesorar. Cuando uno no ayuda a avanzar, mejor que no ayude a estorbar, y me pareció que era momento para poder dejar que otra persona con mayor disposición a asesorar técnicamente, en el sentido que el gobierno estaba llevando, lo hiciera, y ocupara este espacio.

El gobierno ha enviado recientemente el proyecto para una nueva ley de migración al Congreso, ¿qué te parece esto?

 

Me parece bien iniciar la discusión legislativa de un tema que es urgente. La legislación de extranjería en Chile data del año 1975. Pasados más de 42 años, obviamente es momento —hace rato— de repensar lo que significa la migración para Chile en general, más todavía si lo que regula el decreto de ley de extranjería es precisamente eso, extranjería. Es decir, solamente las condiciones de ingreso, permanencia y salida, desde un punto de vista administrativo, de las personas extranjeras en Chile, pero no se hace cargo ni de gestiones de cooperación con respecto a los orígenes de la migración, ni tampoco condiciones de integración, que son lo que sucede después de que la persona consolida su status migratorio. Y, por lo tanto, se hace necesaria esa discusión, y desde ese punto de vista es positivo.

¿Y del proyecto que se envió?

 

Respecto al proyecto que finalmente se mandó, la verdad es que es bastante decepcionante. Nunca hay que olvidar cuando uno promueve una discusión legislativa por qué la promueve, y la pregunta que uno debe hacerse es: ¿qué tipo de cosas son las que se quieren cambiar generando esta nueva ley de migraciones? Y uno obviamente se da cuenta de que lo que falta es precisamente crear condiciones de incidencia en las causas de la migración, condiciones de integración y las consecuencias de la migración, y sobretodo, capacidad de gobernar y gestionar la migración. Eso necesariamente requiere una respuesta institucionalizada, y esto en el proyecto de ley no se encuentra. Por lo tanto, yo creo que este proyecto no funciona para dar respuesta a las necesidades que hoy día tiene la migración.

 

¿Por qué no funciona este proyecto para responder a las necesidades actuales de la migración?

 

Porque no considera una respuesta institucional suficiente para los desafíos que ésta tiene. Además, en términos del contenido de lo que sí aporta, es decir, declaración de derechos, establecimiento debido de procesos, y distintas respuestas a propósito de los formatos migratorios, lo que uno constata es que tampoco se da cuenta de una respuesta integral, ni una respuesta suficiente, porque más bien se dedica a declarar principios, pero los condiciona a las posibilidades económicas o a las normativas que existan al respecto, lo cual no es un verdadero ánimo de obligarse a cumplir con ciertos estándares de derecho. Y, además, en términos del formato de visa, no se hace cargo. Establece formatos estándar sin que establezca claramente cómo se van a regular. Deja muchas cosas entregadas al reglamento, muchas cosas entregadas a la decisión de la autoridad administrativa. Por lo tanto, no es una respuesta cabal, suficiente, y yo diría, ni siquiera completa. Yo diría que lo que tenemos en el congreso es una respuesta incompleta, es una legislación incompleta, trunca, no funciona por sí misma.

¿Se despachó el proyecto demasiado rápido?

No, yo creo que no es rápido. Uno no puede sostener que a 3 años y medio transcurridos de un gobierno, 6 meses antes de que termine, el presentar una respuesta a esta altura es demasiado rápido. Yo diría que lo que se está mandando es insuficiente, absolutamente insuficiente, precario, incompleto, inadecuado, cojo. No es una respuesta completa. Aquí se nota un deficiente trabajo pre-legislativo, aquí no hay un conocimiento en ese proyecto. No hay detrás de ese proyecto un conocimiento respecto a lo que es la migración, y sobre todo cuáles son las herramientas que se requieren para gestionarla.

 

El Gobierno le ha puesto urgencia a este proyecto: ¿piensas que no habrá tiempo para que se escuchen a todas las voces que deberían ser oídas frente a esta nueva ley de migración?

Ese es el gran temor que uno tiene. El problema está en que se le impone urgencia. Es decir, en el momento que estamos teniendo esta conversación, el gobierno acaba de anunciar que le va a poner urgencia, y por lo tanto el despacho de esta iniciativa debe ser dentro de 15 días. Yo tengo la esperanza de que esa urgencia sea retirada, porque creo que no hay ninguna forma de contar con una normativa como la que se requiere en tan poco tiempo. No es responsable, no es serio, no es correcto, y también es bastante soberbio. Una respuesta de estas características sí o sí, para ser adecuada, requiere escuchar mucha gente, oír muchas voces, atender a demasiados expertos, y eso no se puede hacer en 15 días.

¿Le hace falta migración a Chile?

Mucha, mucha. Chile tiene una serie de “pendientes” en su desarrollo, no solamente económico, sino que también social y cultural, que la migración puede venir a contribuir. Desde un punto de vista económico, la migración es no solamente algo que los chilenos debemos tolerar, sino que también es algo que debemos promover. La tasa de natalidad que necesita un país para mantener su capacidad productiva y su densidad demográfica es de 2,1 hijos por mujer; Chile tiene 1,74. Por lo tanto, somos menos. El año 2007 había 1 de cada 10 chilenos mayor de 65 años, el año 2025 va a ser 1 de cada 5, es decir, somos más viejos y más caros. Si nosotros le sumamos que más del 70% de las personas que se están jubilando lo están haciendo con pensiones inferiores al ingreso mínimo, eso nos trae como consecuencia que la tasa de dependencia, es decir, personas que van a necesitar de apoyo del Estado para cubrir sus necesidades mínimas, cada vez va a ser mayor. Y como Chile aún no sale del modelo productivo de explotación intensiva de recursos naturales, nosotros seguimos haciendo depender nuestro producto de la cantidad de mano de obra que tengamos. Por lo tanto, si según las cifras que yo he dado uno constata que la tasa de recambio con mano de obra nacional, de aquellas personas que se están retirando de la vida activa, no es suficiente para cubrirla, estamos con un serio problema para financiar al fisco del futuro. Eso es desde el punto de vista económico.

 

¿Y desde un punto de vista sociocultural?

 

Desde el punto de vista sociocultural, uno tiene que constatar que los países que se han desarrollado, las culturas que han evolucionado, las civilizaciones que han avanzado históricamente, son precisamente aquellas que por razones geográficas o razones geopolíticas han sido testigos o escenario de intercambios importantes de personas. Las ciudades de Europa que más se desarrollaron son precisamente aquellas por las cuales circulaba mucha gente. Hay una razón por la cual es Europa la que llega a América y no América la que llega a Europa, en el mal llamado “descubrimiento”. Y eso tiene que ver, creo yo, si uno observa la geografía europea se da cuenta que no existen accidentes geográficos importantes que impidan o hayan dificultado el desplazamiento normal de personas. Y efectivamente uno ve intercambios riquísimos entre Asia, e incluso entre África y Europa. A diferencia de lo que pasa en América, en la cual hay tantos accidentes geográficos que las comunidades, las civilizaciones desarrolladas ahí, vieron limitado su ámbito de desarrollo. Pero aquellas que sí se desarrollaron más son precisamente aquellas que se encontraban en lugares con locaciones geográficas comunes: los Incas, a diferencia, por ejemplo, de los chilenos. Los chilenos tenemos una gran cantidad de pueblos originarios que tenían muy poco afán expansionista, lo cual se explica porque somos una estructura muy angosta en que las diferencias climáticas eran muy dramáticas de un lugar a otro, por lo tanto, nuestros pueblos no se desplazaban mayormente, salvo algunas excepciones. Lo que quiero decir con todo esto es que la variedad por sí misma favorece la riqueza sociocultural, el desarrollo científico, el desarrollo del conocimiento, el desarrollo finalmente civilizatorio, y la migración es precisamente eso. Chile es un país que tiene una mirada formalista de la democracia, en que nuestros espacios de participación y nuestros espacios de discusión política son aquellos que la norma entrega y no otros. En la medida en que nosotros vayamos abriéndonos a otras culturas, a otros códigos, a otras miradas, nos vamos a ir dando cuenta que la diversidad por sí misma es un factor enriquecedor, y eso no solamente nos va a ayudar a tolerar o vincularnos mejor con los extranjeros, sino que además nos va a entregar herramientas para tener una relación más democráticamente sana entre nosotros.

¿Crees que con una nueva ley de migración se resolverá el tema migratorio?

Las leyes no resuelven los temas migratorios, y tampoco la migración por sí misma es un problema que haya que resolver. Lo que uno sí podría preguntarse es si una ley va a entregar las herramientas para poder asumir y enfrentar los desafíos que significa la migración. La migración por sí misma no es ni una bendición ni es una maldición, la migración es una oportunidad, la migración es una aptitud de hacer las cosas bien. Y hay países que pueden tomar decisiones muy acertadas, muy correctas, y aprovechar adecuadamente esa oportunidad, que es la migración. Y hay otros países que pueden tomar decisiones erróneas y simplemente farreárselas. Lo que entrega la ley es la oportunidad para que la autoridad política, y los Estados, y los gobiernos, y las sociedades finalmente, tengan la posibilidad y las herramientas para poder gestionar adecuadamente la migración, pero una ley por sí misma no va a resolver los grandes desafíos que tiene la migración, porque estos desafíos son más bien culturales, son más bien sociales, son más bien educacionales.

 

La Universidad de Chile es el ente responsable de revalidar títulos extranjeros en Chile por decreto con fuerza de ley: ¿crees que los procesos de revalidación centrados en un solo ente, sin fiscalización alguna de dichos procesos, es una buena forma de abrir las puertas al talento extranjero?

Cualquier actividad pública que no tenga fiscalización, que responda a un monopolio, que no tenga finalmente feedback respecto de la pertinencia de aquellas cosas que exige o verifica, es una institución que finalmente se degenera. La falta de fiscalización degenera a las instituciones, y por lo tanto en la medida que nosotros tendamos a estos modelos monopólicos, hegemónicos, lo que estamos haciendo es degenerar la institución que ellos administran.

¿Qué opinas del modelo de revalidación y reconocimiento de títulos en Chile?

 

Evidentemente el modelo de reconocimiento de títulos profesionales en Chile es deficitario. Es deficitario desde un punto de vista administrativo, porque no existe la capacidad de dar atención oportuna y suficiente a la atención de esos requerimientos de reconocimiento de título, sea el formato que sea. Pero también es deficiente en el fondo, en términos que no tenemos tan claros, o yo creo que no hemos tenido el debate a nivel social respecto de cuál es el estándar que le vamos a exigir al reconocimiento de esos títulos. Porque aquí se adopta una pretensión respecto a lo que queremos que sean en términos de excelencia o calidad, por ejemplo, pero eso no se pondera con otras necesidades que también tiene el Estado de Chile, que no son solamente la excelencia y la calidad, también hay una necesidad en términos de cobertura. Y, por lo tanto, yo después que resuelvo la cobertura me meto a resolver el tema de la calidad. Y esto no significa que nosotros le vamos a dar la posibilidad de ejercer profesiones de la salud a una persona que no sepa distinguir entre una vena y una arteria, aquí se trata de ser capaces de establecer estándares que conversen con la realidad.

¿Por qué cuesta tanto revalidar un título en Chile?

Yo creo que muchos de los temas que nosotros generalmente hablamos que son temas migratorios en realidad son temas de la sociedad chilena. La discriminación no llega a Chile por causa de la migración, Chile siempre ha sido un país discriminador. La supuesta saturación de extranjeros que tenemos en Chile no es real, las cifras así lo demuestran, pero lo que sí nosotros constatamos es que está lleno de extranjeros porque los extranjeros responden al modelo concentrado que nosotros tenemos, y por lo tanto llegan todos a Santiago o a Antofagasta. ¿Por qué? Porque todo está en Santiago o Antofagasta. El único aeropuerto internacional está en Santiago, el 70% de los cupos laborales, el 60% de los trámites administrativos, y por lo tanto no podemos esperar que las personas vengan a otro lugar. Y también la migración muestra el déficit de consensos básicos que nosotros como sociedad tenemos. Cuando nosotros hablamos de qué tipo de migrante es el que queremos, de qué tipo de profesiones son las que queremos acoger, o recibir, o validar, cuando hablamos de qué tipo de migración es la que queremos llamar, tolerar, o la que no queremos tener, estamos dando cuenta de un modelo de sociedad respecto del cual no hemos llegado a un consenso.

¿Tiene Chile definido qué tipo de sociedad busca construir?

 

Chile no tiene definido qué tipo de sociedad, qué tipo de economía es la que quiere construir. En la poesía política se habla mucho de avanzar hacia una sociedad del conocimiento, pero eso requiere un montón de definiciones previas que no hemos consensuado. A partir de esas definiciones tenemos consecuencias en términos de las políticas que adoptamos. Y si yo, por ejemplo, quiero dar el salto a una sociedad del conocimiento, una sociedad más tecnologizada, eso tiene un correlato respecto de cómo está mi modelo educacional, mi modelo laboral, mi modelo tributario, y también mi modelo migratorio. Entonces, cuando hablamos de cómo es el estándar del sistema de reconocimiento de títulos, yo lo que digo es que también eso no conversa con una definición respecto a qué tipo de profesiones son las que necesitamos, a cuáles vamos a reconocer, a cuáles vamos a promover, a cuáles vamos a dirigir en términos de donde queremos que se desenvuelvan. Porque una cosa es reconocer un título, pero otra también es hacer alguna gestión, alguna incidencia, respecto de dónde queremos que esa experticia se desenvuelva en nuestro ambiente nacional. Lo que quiero decir con todo esto es que el Estado, la sociedad chilena, requiere una serie de definiciones que aún no toma, que aún no tiene, y que va a requerir de esas definiciones antes de empezar a resolver cómo eso impacta en el sistema de reconocimiento de títulos, en los formatos migratorios, en el modelo de visa.

Lo costoso que es revalidar un título extranjero en Chile: ¿conversa con la realidad del país?

No conversa con la realidad porque yo creo que hay una serie de factores que hacen recomendables, o no recomendables en ciertos casos, el avanzar hacia un reconocimiento de títulos, pero que no están presentes en la resolución de ese reconocimiento. Obviamente puede haber razones por las cuales yo pueda estimar que un determinado título no deba reconocerse, pero quienes hoy día están tomando en la práctica esa decisión, no tienen arriba de la mesa, o por lo menos no tienen en consideración todos los factores que por interés nacional uno debería tomar en cuenta. En el caso de las profesiones médicas, por ejemplo, obviamente la calidad es importante, pero también lo es la presencia pareja, o la presencia más homogénea, en el territorio respecto de cierta capacidad de atención de ocupaciones médicas. También lo son determinadas necesidades estratégicas o geopolíticas que puede tener Chile. Por ejemplo: en Arica tenemos un déficit de especialidades médicas. A las personas en Arica les basta con cruzar hacia Tacna y se encuentran con los hospitales de la solidaridad, que por 20 dólares atienden a 120.000 chilenos. Entonces, desde el punto de vista de la presencia que el Estado de Chile tiene en Arica, habría que revisar si nosotros estamos haciendo más soberanía o menos soberanía al obligar a los ciudadanos de Arica a ir a atenderse a un hospital en Perú, en lugar de darles esa capacidad de cobertura en Arica.

 

Hay países con tratados bilaterales con Chile, cuyos títulos son reconocidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, y automáticamente habilitan a sus titulares para ejercer sus profesiones. En odontología, por ejemplo, los títulos de odontólogos de Brasil, Colombia, Ecuador y Uruguay, son reconocidos y habilitantes para ejercer la profesión. Estamos hablando de la salud y del cuidado de pacientes, ¿te parece lógico que no se exija nada más? ¿Crees que debería existir un examen nacional único para cualquier odontólogo, sin importar de donde venga?

Precisamente ese caso es similar a lo que hablo cuando nosotros le damos solamente una connotación de salubridad pública a una determinada necesidad, como también cuando le damos un carácter netamente de política exterior. Es decir, son distintos factores que confluyen, pero nosotros no podemos tener un modelo, un listado de profesiones, un sistema de reconocimientos para necesidades de salud y otro distinto para necesidades de política exterior, como es el caso del Convenio Andrés Bello. Porque lo que hay que tener es un sistema integrado, y en ese sistema integrado que confluyan los distintos factores que uno debe tomar en cuenta al momento del reconocimiento de títulos; la excelencia es uno, la calidad es otro, el factor de política exterior y de integración regional es otro, pero en algún espacio único deben integrarse. Sino, terminamos teniendo una realidad esquizofrénica, porque por un lado a determinadas nacionalidades le pedimos exigencia, calidad y estandarización del contenido, pero por otro lado, a otras nacionalidades les pedimos amistad entre pueblos hermanos.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile reconoció más de 2.000 títulos de odontología de países con tratados bilaterales en 10 años  y, en ese mismo período,  la Universidad de Chile revalidó 69 títulos extranjeros de países sin convenio.

¿Cómo interpretas estas estadísticas?

Yo creo que debería ser un médico el que debería interpretar eso, porque yo creo que es un cuadro de esquizofrenia nacional. Es un cuadro en el que, por un lado, tú avanzas en una lógica de integración regional en la cual te importa nada el estándar técnico, porque solamente por ser titulado en ese país tú le reconoces una calidad per se, y todos sabemos que en cualquier país hay universidades buenas, medianas, y malas. Y por el otro lado, a otras nacionalidades, por el sólo hecho de no ser parte de estas otras, les estás poniendo un estándar. Y obviamente la exigencia entre una y otra es distinta.

¿Debería la nueva ley de migración hacer algo al respecto de los procesos de validación de estudios extranjeros?

 

Definitivamente. El tema de la revalidación de estudios extranjeros no es netamente un tema migratorio, porque perfectamente un chileno podría encontrarse en situación de requerir ese reconocimiento, en la medida que haya cursado estudios en el exterior. Sin embargo, desde un punto de vista amplio, evidentemente el reconocimiento de títulos y el sistema de reconocimiento de títulos tiene una incidencia en términos de cómo se gestiona la migración, y por lo tanto debe ser atendido por la legislación de estas características. Yo sí creo que es un factor que debe atenderse, ahora bien, no creo que deba ser la ley la que deba establecer la forma en la cual se hacer esa revalidación, pero sí — vuelvo al punto de vista institucional — lo que la ley debería hacer, si tuviera una respuesta institucional coherente, amplia y suficiente, debería estar en condiciones de emplazar a las entidades que tienen a cargo este tipo de cuestiones, para que incorporen criterios más amplios y más eficaces respecto al reconocimiento de títulos. Por lo tanto, lo que debería tener la legislación migratoria es que la institucionalidad pudiera emplazar, por ejemplo, al Ministerio de Educación o la misma Universidad de Chile, para que los factores que se consideran al momento del reconocimiento no sean solamente los que esas entidades estiman pertinentes, sino que sean en relación a una cuestión más integral, que incluya las necesidades nacionales que tiene Chile, el derecho de las personas que tienen ese título, y además las condiciones de igualdad de acceso a esa posibilidad.

 

Cuando leíste el artículo “El Paciente Inglés” de Sabine Drysdale, publicado en la revista Qué Pasa en enero 2015, ¿qué sentiste?

Vergüenza, incomodidad, una sensación de bananerismo. El artículo está presentado desde una realidad con estándares asumidos de las personas que viven en determinadas sociedades más desarrolladas y dan por supuestos determinados estándares con los cuales desarrollan su vida, que cuando se enfrentan a realidades distintas se dan cuenta que no son realidades dadas, y que son realidades que deben constantemente estar revisándose y asegurándose. Yo creo que eso es lo que uno observa en “El Paciente Inglés”. Uno se da cuenta de una persona que desarrolló una vida en un determinado estándar, de racionalidad en los procedimientos, de suficiencia en los estándares, finalmente de igualdad en términos del acceso a determinados trámites, y se enfrenta y se queda perplejo frente a una realidad absolutamente distinta, en la cual existe una arbitrariedad implícita en un procedimiento, en la cual existen procedimientos y prácticas que no se condicen con ningún estándar sanitario aceptable, como es el requerir un diente o el aplicarse radiografías innecesarias. Lo que muestra es la distancia entre un estándar deseado y pretendido por nosotros los chilenos, y la realidad. Por lo tanto, lo que uno valora en ese artículo es el desafío que impone, porque no es un artículo construido en base al odio o al resentimiento, sino que es un artículo construido en base a la sorpresa y a la distancia que hay entre lo que uno espera y lo que finalmente tiene, y yo creo que así es como debe ser leído.

Durante el 2016 te reuniste varias veces con nosotros y, junto con el diputado Jaime Pilowsky, nos ayudaste a presionar al ente regulador. ¿Por qué quisiste ayudarnos?

Por justicia. Yo diría que… no, ni siquiera es por justicia, fíjate. Lo que pasa es que yo tengo el convencimiento personal de que la migración ofrece una gran cantidad de oportunidades a Chile, y que en materia de reconocimiento de títulos profesionales es una forma en que Chile se está farreando esa oportunidad. Y por lo tanto era evidente, al revisar estos antecedentes, al conocer la historia, que aquí estamos frente a una situación en la cual no es que a una persona le estaban privando de un beneficio, es que Chile se estaba farreando un buen profesional. No solamente alguien que luchaba por su situación personal, sino que además se trataba de alguien que estaba reclamando una situación de injusticia. Era una cuestión que iba más allá del interés individual. Por lo tanto me parecía que era importante generar condiciones, ni siquiera para presionar para que se le entregue algo, sino que lo único que se hizo fue procurar y presionar para tener las condiciones para que esa persona pudiera acceder con cierta racionalidad a una revisión de sus antecedentes profesionales. No es que aquí se haya hecho una gestión para hacerle un camino corto a alguien. Aquí lo único que se pidió fue racionalidad y justicia en la forma en que esta persona estaba siendo evaluada. Y así lo demuestra el hecho de que hoy día esa persona cuente con su reconocimiento, porque evidentemente había un problema de procedimiento y no de mérito.

Este precedente, ¿ayudará a quienes vienen detrás?

Así lo espero. Yo creo que hay muchas personas que se encuentran en esta situación, esto no es solamente del área de la salud. Chile tiene un déficit de 5.000 personas capacitadas en experticias del área de la tecnología y de la información, y la cantidad de ingenieros civiles informáticos que están llegando, y que tampoco les reconocemos los títulos profesionales, es abismante. Por lo tanto, yo siento que este tipo de debates que nos enfrentan no nos hacen salir de la arbitrariedad y de las “tincadas” que pueda tener un funcionario, sino que nos obligan a racionalizar el debate, y por lo tanto me parece que es de una importancia vital, y por eso siento que uno debe fomentar, favorecer y apoyar que se persevere en este tipo de temas. Y aquí también hay que hacer una valoración individual para la persona interesada en esto porque al final el que crea “ONG El Paciente Inglés”, es una persona que hoy día ya cuenta con su tema resuelto personal, y, sin embargo, en lugar de quedarse tranquilo con eso, está entendiendo de que esta es una cuestión que no se acaba en su situación personal y que requiere de un compromiso más de largo plazo. Y, por lo tanto, desde ese punto de vista, me parece que es súper meritoria la iniciativa de darle continuidad a esta plataforma de lucha.

Nuestra pequeña ONG ha logrado cambios sin precedentes en la historia de los procesos de revalidación en Chile, en odontología. Muchas personas lo ven como una situación similar a David versus Goliat, ¿cómo lo ves tú?

Me parece interesante el carácter adversarial de la pregunta, porque la metáfora de David contra Goliat asume un conflicto. Y yo me preguntaría ¿dónde está el conflicto? ¿Por qué es un conflicto el que una persona pida reconocimiento de su título profesional para poder aportar desde el área para la cual estudió? ¿Por qué eso sería un conflicto respecto del ente del Estado de Chile, que debería estar en condiciones de valorar esa capacidad, porque le conviene a Chile? Entonces, en la medida que nosotros a este tipo de cuestiones le demos ese carácter adversarial, lo que estamos haciendo es consolidar en el largo plazo una lógica de buenos y malos, cuando en realidad tenemos un destino y un interés común. Entonces, la pregunta es cómo nos estamos planteando los temas públicos desde lógicas más de trinchera que desde lógicas constructivas, y cómo eso también termina definiendo el derrotero que sigue en estos temas. Porque si yo lo planteo como una pelea, como una discusión, Goliat va a seguir defendiéndose y David va a seguir atacando.

¿Crees que hubo un buen manejo de la situación por parte de la Universidad de Chile?

No, yo creo que los funcionarios de la Universidad de Chile y la propia Universidad de Chile son igualmente víctimas de un sistema en el cual se les pone en una situación injusta, porque se les da una competencia, una atribución para la cual no fueron creados. La Universidad de Chile no fue creada para fiscalizar a las demás universidades del mundo. Los profesionales y las autoridades académicas de la Universidad de Chile están ahí para generar condiciones de calidad en la formación de sus cuadros de grado, pregrado y posgrado, y no para andar dando opinión respecto de cómo lo hacen otras universidades, eso atenta contra el concepto mismo de la universidad. Pero por alguna razón, en algún momento de nuestra historia, alguien les entregó una facultad, una facultad para la que la estructura universitaria no está capacitada, porque tiene lógicas propias de la academia que no conversan con facultades administrativas como esta. Y, por lo tanto, aquí no hay buenos y malos, aquí hay víctimas comunes de un sistema que crea una atribución y la entrega a una entidad que no tiene por qué tener las competencias para hacerlo, y los resultados, por lo tanto, nunca son buenos.

 

Finalmente el proceso se modificó, se reformó, pero ¿quién devuelve el tiempo invertido a todas esas personas que invirtieron plata, tiempo, sacrificio, familia, y aún ni siquiera se les ha dicho “perdón”?

Nadie. Nadie, porque como muchas cosas —y de nuevo es un tema que desborda lo migratorio— en esta sociedad, el sobresfuerzo o la energía que las personas tienen que invertir en la defensa de sus derechos, siempre es de cargo del interesado, siempre es lo que se llama en derecho “las costas”, en derecho el ganancioso de un proceso judicial tiene derecho a demandar las costas, es decir, los gastos en los que incurrió para poder defender sus derechos cuando su causa era justa. Y en el caso de los temas que uno tiene contra el Estado, justamente, nadie responde por ese tipo de cosas. Es difícil de explicarlo, yo diría que nadie responde por eso, y debería responder. En realidad, lo que deberíamos tener es un sistema que no originara esa clase de costos, y con eso nos ahorramos el problema, nos ahorramos el discutir quién se hace cargo de los costos y nos ahorramos la disculpa.

 

Con tantas barreras para revalidar un título extranjero, muchos profesionales con obligaciones económicas y familias dependientes de ellos, se ven forzados a ejercer de forma ilegal. En odontología pasa mucho. ¿Te parece justo decir que es el inmigrante el único responsable del ejercicio ilegal de la profesión, cuando por otro lado existe una institución responsable de revalidar títulos que ha vulnerado sistemáticamente los derechos de quienes aspiraban a revalidar sus títulos extranjeros?

En general, cuando se establece cualquier sistema de admisión o de verificación de cualquier beneficio, cualquier estatus, y en este caso es el reconocimiento de un título profesional, es importante tener presente en el diseño de esa política que siempre va a haber personas que cumplen con los estándares y personas que no lo cumplen, y uno siempre tiene que hacerse cargo de qué es lo que están dispuestos a hacer esas personas que no cumplen. Si uno no considera ese factor, está haciendo una mala política pública, que es lo mismo que pasa con el ingreso a Chile. Si yo pongo requisitos para entrar a Chile y no me hago cargo de aquellas personas que no van a cumplir los requisitos, y no asumo las consecuencias o lo que van a estar dispuestos a hacer para ingresar por su cuenta, yo estoy haciendo una política pública ligera, liviana e irresponsable. Lo mismo pasa con este tema, y lo que uno tiene que entender es que las personas que migran a Chile con un título profesional, lo hacen con una herramienta única, muchas veces, que tienen para subsistir. Y, por lo tanto, las rigideces arbitrarias —porque ese es el problema— el problema no son las exigencias, el problema es cuando las rigideces son arbitrarias, cuando no ofrecen una alternativa, entonces siempre va a existir la posibilidad de que alguien ejerza en forma ilegal una determinada profesión. Lo que hace un sistema rígido y arbitrario es que le da legitimidad a ese ejercicio ilegal. Entonces, lo que no puede hacer una política pública o un diseño de un sistema como este, es generar condiciones para darle legitimidad al ejercicio ilegal de la profesión.

 

Según datos de un reciente estudio, el sector público de odontología en Chile sufre un déficit de aproximadamente un 38%. Tampoco hay plazas ni voluntad política en crear más plazas para el sector público. El sector privado se encuentra con un mercado laboral, en odontología, saturado con una sobreoferta alrededor de más de un 800%. La acreditación de las carreras de odontología hasta el momento no es obligatoria, existen 21 universidades que ofrecen dicha carrera en 34 sedes. ¿Cómo ves esta desregulación de la odontología en Chile?

Responde a un modelo formativo universitario de liberalización, digamos. Chile tiene un modelo de liberalización en muchas áreas de su desarrollo —en la economía y en la educación— que no va acompañado de procesos de madurez social que sí le dan viabilidad en otros contextos. Es verdad que un modelo como el chileno también se da en otros lugares, pero en esos lugares cuando es exitoso, cuando funciona, son aquellos en los cuales el capital social es distinto.

¿Es irresponsable este modelo?

Sí, sí. Yo siento que nosotros estamos dejando que sea el mercado el que tome decisiones que es el Estado el que tiene que tomar. Hay muchas áreas en la cuales yo siento que el Estado no es tan necesario, en los cuales el libre juego de oferta y demanda se da sin problemas, pero en el caso de la educación, y sobre todo de la educación profesional y técnica, uno tiene que tener un Estado presente que dé cuenta de las necesidades, que dé cuenta de los estándares y que dé cuenta de las respuestas. Y no puede ser que los cupos, que los títulos, estén absolutamente entregados al interés individual, y siempre egoísta, de sujetos que además su motivo es el lucro. Porque también en Chile es importante tener presente eso, que las universidades, tanto públicas como privadas, ven en el lucro también un objeto importante; sea el lucro institucional, como en el caso de las universidades privadas, pero sea también como el interés de lucro de los egresados, que en la medida que vayan disminuyendo la oferta de odontólogos, en este caso, también va aumentando el precio que pueden cobrar los que sí están en el mercado.

¿Acreditación obligatoria en Odontología?

A ver, a mí me parece bien que una universidad sea acreditada y que una carrera sea acreditada, en la medida que eso permite, en condiciones objetivas, en condiciones iguales, asegurar un determinado estándar de calidad.  Aquí no se trata de una profesión en la cual sea indiferente la calidad de persona que la está ejerciendo, la calidad de profesional. Por lo tanto, resulta relevante que haya un determinado estándar asegurado para que aquellas personas que salgan de esa universidad cumplan con ese estándar. El problema está en cuando las condiciones de acreditación no son iguales o cuando no basta con la acreditación, porque si yo voy a tener un sistema de acreditación, entonces ¿por qué después tengo que dar un nuevo examen, si yo ya creé condiciones para eso? Yo creo que nosotros tenemos un sistema ambiguo, un sistema laxo, en el cual se trata por vía de parches, por exámenes más, documentos más, acreditaciones más, suplir los déficits en términos de ausencia de Estado que hay en términos de la regulación de este mercado.

 

Con las elecciones presidenciales ad portas, ¿ves voluntad política para gestionar los cambios que tanta falta hacen para la salud oral de las personas que viven en Chile?

Yo creo que tenemos un problema con el sistema político, que tenemos una diferencia entre la forma en la cual se están generando las respuestas legislativas y políticas, y los intereses y los factores que confluyen en la definición de esas políticas. Tenemos un sistema de generación de la ley, de tramitación de la ley, en la cual todos los espacios participativos no son los que definen el contenido de esa ley. “La cocina”, como se le llama coloquialmente, no está a la vista de la ciudadanía. Los proyectos de ley no se definen frente a la cámara en la sesión del Congreso Nacional en la cual se discute, sino que se definen en pasillos, se definen en oficinas, se definen en conversaciones en las cuales los intereses no se explicitan. Entonces, el problema está en qué es lo que está a la vista en esa discusión, qué intereses son los que van a confluir y cómo se hacen cargo las personas que votan o actúan de tal u otra manera respecto a esos intereses, que son legítimos, pero que deben ser planteados de cara a la ciudadanía, no a escondidas. Entonces, la pregunta es: ¿es posible hacer o esperar alguna ponderación, por ejemplo, entre el interés de los actuales odontólogos con el aumento de la cantidad de odontólogos en el mercado? ¿Ellos pueden tener un interés? Claro que lo pueden tener, y es natural que ellos vean una amenaza en términos de los ingresos que pueden tener si aumenta la oferta de odontólogos, pero que se explicite, y que nacionalmente ponderemos ese interés con otros, como son el de la suficiente cobertura de la atención de salud bucal de las personas.

¿Qué te parece el rol del Colegio de Cirujano Dentistas de Chile en esto?

Yo creo que el Colegio de Dentistas es una excepción en este contexto, fíjate.

¿Una excepción? ¿En qué sentido?

Sí, una honrosa excepción. Yo diría que he visto pocas veces un colegio profesional que prescinde de esa forma del interés individual de sus colegiados y hace aportes y toma posición en favor de la salud de la población, porque la actitud que ha tenido en el caso de reconocimiento de títulos, y en general la postura que ha tenido en todo este tipo de temas, habla más de un colegio preocupado del interés nacional que del bolsillo de sus colegiados. Y eso habla muy bien de ese colegio, así que yo creo que ahí hay una acepción importante que hacer.

 

Tras tu renuncia como Jefe Nacional del DEM, ¿tienes planes de seguir trabajando en pos de la migración?

Yo llegué a este trabajo sin ningún conocimiento ni cercanía del tema migratorio, y reconozco que es un tema que me ha ido cautivando. Mi intención era estar de paso, meterme a hacer lo mejor posible y después seguir con mi vida. Yo soy abogado, profesor de derecho, no tenía una cercanía a este tema, pero debo reconocer que el tema migratorio y los desafíos que significa para la sociedad chilena, por mi interés sobre todo por la política, es un área en la cual me interesa seguir conectado. No sé en qué posición, en qué situación, en qué contexto, con qué intensidad y desde qué lugar, pero sí obviamente la migración es un tema del cual pretendo no alejarme mucho.

 

¿Qué planes tienes ahora, de cara al futuro?

En lo inmediato, devolverle las horas pendientes a mi hija de 2 años. Tengo una hija que me costó mucho tener, y que por lo tanto en estos 2 o 3 meses inmediatos a mi salida quiero dedicarme a ella, dormir muchas siestas con ella, jugar harto con ella. Y mientras tanto, analizar las alternativas que tengo para el futuro. EPI