• Dr. Juan Carlos Riera Medina

Detrás del Espejo Angular: Médicos Venezolanos en Chile


OPINIÓN

Juan Carlos Riera es médico cirujano y especialista en Urología, egresado de la Universidad de Carabobo en Venezuela. Aprobó el EUNACOM en 2017 y trabaja en el sistema público de salud en Chile desde el año 2015. Actualmente es Presidente de AMEVEN, la Asociación de Médicos Venezolanos Andrés Bello.

Cuando emigras, te enfrentas a un desconocimiento importante de aspectos legales, culturales, sociales y profesionales, aun habiendo estudiado y leído extensamente acerca del país de destino. “Estar ahí” siempre te pone en el contexto real. Una gran ola de médicos venezolanos ha ido llegando a Chile en los tres últimos años, motivados por el desastre social que afecta a Venezuela, los niveles impensables de inseguridad, y una economía imposible de entender ni siquiera por el más letrado, siendo uno de los países con mayores reservas de petroleo en el mundo. Sumémosle a todo esto una interesante campaña a nivel latinoamericano de algo así como “Chile necesita médicos”, o “la salud pública chilena necesita especialistas”, y los permisos otorgados a los médicos extranjeros llegando a Chile por los secretarios regionales ministeriales (seremis) para poder ejercer la profesión mientras revalidan sus títulos a través del Examen Único Nacional de Conocimientos de Medicina (EUNACOM).

Entonces, pasamos por mil tramites: pedir papeles en Venezuela, legalizaciones, sellos, apostillas... Llegamos a Chile, acudimos al Ministerio de Relaciones Exteriores y realizamos más trámites para demostrar que realmente somos médicos, y que un 70% de nosotros somos también especialistas. Una vez demostrado que lo somos ante la ley, tenemos que demostrarlo académicamente y en terreno. Muchos comenzamos a trabajar como sea: por ejemplo, cardiólogos infantiles con magíster en Estados Unidos trabajando en un consultorio únicamente clasificando casos. Todo esto para cumplir con las leyes del país que nos acoge —como debe ser— y cuya ley nos decretó que el EUNACOM nos valida como médicos de calidad para atender a la población chilena. Estudiamos en nuestras horas libres porque muchos trabajamos más de 44 horas semanales y en turnos. Aun así, rendimos el EUNACOM y nos hemos constituido en la población médica migrante con la tasa más alta de aprobación de dicho examen, habilitándonos para ejercer legítimamente nuestra profesión en Chile, sin ser exigible otro requisito según estipula la Ley 20.261.

Paradójicamente, el mes pasado, médicos con la mayor tasa de aprobación del EUNACOM, que ademas ya han demostrado tener la calidad académica suficiente para entrar en todos los campos del ejercicio de la medicina en Chile, fueron súbitamente desvinculados de sus puestos de trabajo en el sector privado. ¿Por qué? La Superintendencia de Salud de Chile, organismo que supervigila y controla los sistemas de salud —público y privado— en Chile, argumentaba que se dieron cuenta que no bastaba con tener el EUNACOM aprobado para ejercer en el sector privado y que, por tanto, los médicos extranjeros necesitaríamos, además, la revalidación de nuestros títulos extranjeros por la Universidad de Chile para poder trabajar en otros sectores de la medicina más allá de lo público. De este modo, la Superintendencia de Salud violó todas las reglas impuestas por ley desde el principio, dejando a familias sin ingresos y a médicos sin poder continuar con su desarrollo profesional, por un “error” interpretativo, unilateral y antojadizo. Sorprendentemente, la Superintendencia de Salud cambió así los certificados sin previo aviso a los médicos afectados, pero sí notificó a las clínicas para que éstos fuesen desvinculados del sector privado. Acto seguido, la Superintendencia manifestaba que sólo había actuado bajo la insistencia de las clínicas por conocer el tema. Sin embargo, las clínicas afirman que se acogieron a lo que había dictado la Superintendencia de Salud. El resultado final de esta situación afectó a más de 70 familias de médicos que ya habían cumplido con los requisitos del EUNACOM.

Lo más impactante es ver tantos comentarios escritos, tanto de chilenos como de extranjeros, que afirman que los médicos extranjeros no deberíamos ejercer en el sistema privado de salud porque lo único que “quieren es dinero y abandonar el sistema público”. Pienso que cabe señalar que, en primer lugar, todos somos seres humanos con derechos universales. Para tramitar la visa temporaria o la permanencia definitiva en Chile, también se nos exige tener el EUNACOM aprobado, y si los médicos extranjeros hemos cumplido con todos los requisitos impuestos por la ley en Chile para validar nuestros títulos, entonces tenemos el libre y absoluto derecho a elegir dónde trabajar. El EUNACOM no es un regalo, o una concesión de buena voluntad que nos fue otorgada: es un derecho que nos ganamos al aprobar el proceso y por el cual, vale destacar, cada médico extranjero paga 600.000 pesos chilenos ($900 USD aproximadamente) siendo que los médicos titulados en Chile no pagan por el EUNACOM.

Acá hay claramente una doble moral, porque se critica que la salud privada es adonde se van todos los médicos chilenos a trabajar, pero tampoco existen políticas para evitarlo, y por otro lado, en el sistema público se compran servicios particulares de los mismos médicos que trabajan ahí, y aun así las listas de espera son inauditas. La realidad es que el médico venezolano en Chile ha dejado, sin duda, una huella histórica cubriendo cientos de plazas en lugares remotos, realizando procedimientos avanzados y demostrando un sólido nivel académico y científico, pero pese a esto, Chile pone un nuevo y enorme escalón, que no depende de nuestro nivel profesional sino de la toma de decisiones de personas que con su firma, podrían aprobar el acta de sujeción más moderna de la historia obligando a los médicos extranjeros en Chile a revalidar doblemente el mismo título, y además segregar, a la vez, a la población de Chile en pacientes “públicos” y “privados”.

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